“La era de la post- verdad” : ¿De qué verdad?

Sin lugar a dudas, 2016 será recordado como un año extraño; de esos que parecen sacados de algún thriller1, en que lo inesperado es lo que sucede y, que, logra sus efectos: hacernos sobresaltar, temblar, sumirnos en sensaciones colectivas de desconcierto (entendido desde la psicología social como perplejidad, desorientación) ese no saber -ni por asomo- qué se nos viene, qué podemos esperar del futuro inmediato y del mediano y largo plazos.

De otro lado, las diferencias norte-sur, como sutilmente se habla ahora de los países más y menos prósperos en términos económicos, parecieron diluirse, ablandarse, derretirse, al calor de los hechos. Por algún momento pareció que se turnaban “los de arriba” y “los de abajo” para mantener la atención mundial y tomar rumbos sorpresivos.

Paso a referir algunos de los hechos que forman la lista de “escalofriantes”2, que plasma lo dicho:

Reino Unido: Acabó más desunido que nunca ante la consulta basada en el artículo 50º del Tratado de la Unión Europea, que hiciera el 23 de junio de 2016 y que los sacará, en un futuro próximo de aquella -a la que si bien no se habían entregado del todo- rompiendo la unidad de los países europeos, gestada desde la década de los 50. Hoy, abreviamos con la expresión BREXIT, unos resultados muy ajustados de: 51,9% versus 48,1%, de quienes quisieron dejar la UE o permanecer en ella. En 1975, ante una pregunta similar, la opción fue formar parte de la entonces CEE por un margen diferencial favorable de más de 15%.

Colombia: El 2 de octubre de 2016, los resultados a favor del No a la Paz, parecieron clavar los dientes en las aspiraciones de este país. Nadie supuso que el «No» superaría al «Sí», que no se avalarían los acuerdos de paz alcanzados entre Gobierno y las FARC, y que este resultado se basaría en una diferencia de poco más de sesenta mil votos en una población que supera los 48 millones de colombianos y colombianas.

Estados Unidos de Norteamérica: No nos reponíamos de la paliza psicológica sufrida con Colombia, cuando presenciábamos que en USA un candidato republicano desdibujaba otras candidaturas del mismo partido al sillón presidencial con una “estrategia” (no hablamos de discurso político, porque no lo hay) nunca antes vista en el icono de la democracia contemporánea. La cita electoral de noviembre, arrebataría el acceso a la Casa Blanca a quien se sentía preparada, experimentada, segura de gobernar el país más poderoso del mundo. Esta vez, el sistema electoral de los Estados Unidos de Norteamérica, basado en colegios electorales y de peso diferenciado, dejaron en claro que, no adhieren la expresión “una persona, un voto”.

Venezuela: El 17 de diciembre se informaba de saqueos con cientos de personas corriendo de un lugar a otro mientras las fuerzas de seguridad les reprimían con gases lacrimógenos y perdigones. Caos y anarquía durante la jornada, hasta la llegada de las fuerzas militares. El reporte diría: “Fallecieron una mujer embarazada por un balazo y un joven que estaba en las cercanías”… y siguieron las noticias de linchamientos por turbas, de violencia y de necesidad. La responsable: una política monetaria.

Alemania: Un camión arrolló un mercado de Navidad en Berlín el 19 de diciembre, provocando la muerte de al menos 12 personas y decenas de heridos. Breitscheidplatz, una de las zonas más turísticas de Berlín, repleta de comercios, restaurantes y hoteles, además del famoso zoo de la ciudad y de la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, permaneció acordonada. El 23 de diciembre se informaría que el tunecino que perpetró esa matanza fue abatido en Italia. Un fallo en la seguridad pública, queda de fondo en este hecho.

Turquía: 19 de diciembre, un hombre mató a tiros al embajador ruso en Turquía al grito de “Alepo, venganza”, mientras que inauguraba una exposición fotográfica en un céntrico barrio de la capital turca. Fue escalofriante observar en vídeo la muerte de ese diplomático. El hecho se calificó de “atentado terrorista” y, el presunto agresor, que actuó solo, fue “neutralizado” por la policía en el mismo edificio. No estuvo a la altura la seguridad pública.

La lista de espeluznantes o escalofriantes de 2016 sigue y se funde con la del primer trimestre de 2017.

Por lo dicho, varias voces se manifestaron, plumas se sostuvieron y actos públicos de debate se multiplicaron, con el objetivo de abordar y opinar sobre lo que vivimos. Varios criterios y posturas hacían hincapié en que estábamos inmersos/as en una nueva era, la de la post-verdad.

Sobre todo, después de noviembre de 2016, cuando el Diccionario Oxford entronizó un neologismo como palabra del año y como nueva incorporación enciclopédica:”Post-truth” o “posverdad”, un híbrido bastante ambiguo cuyo significado “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. “La política posverdad” involucraría varios de los hechos sucedidos en 2016 que nos han conmocionado, por ser hechos que “superan cualquier expectativa ortodoxa o racional”.

La pregunta de este breve artículo es si la ortodoxia y la racionalidad de la que veníamos echando mano no será la responsable de tales desaguisados.

Dicho en otras palabras: ¿Cómo construimos la “objetividad” que hoy se entierra una y otra vez? ¿Habremos hecho algo mal para que las cosas tomen el cariz que han tomado? ¿No necesitaba revisión alguna “el sistema” en que vivimos, en especial en lo político? ¿Todo estaba bien?

Y, podríamos seguir con la sucesión de preguntas: ¿Qué verdad se desmorona ante nuestros ojos y oídos? ¿Por qué vemos sociedades cada vez más polarizadas? ¿Por qué la gente que estaba en caída se aferra a un clavo ardiente3? ¿Por qué el remedio puede ser peor que la enfermedad en la mayor parte de los casos? ¿Por qué estamos optando por elegir a esta nueva generación (o “de-generación”) de representantes ultras y radicales? ¿Hasta cuándo vamos -según el sistema- a seguir votando con las vísceras y el instinto, dejando de lado la razón o la lógica?

Primero que nada, deberíamos partir del hecho de que no es solo emoción o creencia personales lo que nos mueve4. La decepción y el descrédito del sistema, por ser excluyente, corrupto, por atender a sus intereses particulares y sectarios, por no obrar buscando el bienestar común, o no contar con la suficiente legitimidad social porque no hubo respeto a las minorías, deja en claro que el manejo del poder político está en muy mal pie. Las políticas y decisiones públicas, no se toman buscando nuestro bienestar, sino en función del Mercado al que sirven por los réditos de que directa e indirectamente obtienen de él. Están más dadas en aparentar ser democráticas que en serlo verdaderamente.

Creo que el día en que vuelvan a vernos como ciudadanía y no como una masa de consumidores, retomarán los aspectos que han configurado nuestra sociedad llena de desigualdades (de género, raciales, de clase, de opción sexual, solo por nombrar las más acuciantes).

Con el pensamiento único que se instaló cómodamente después de la caída del Muro de Berlín, y con las crisis consecutivas que se han experimentado, ¿Qué se esperaba, que no hubiera “reacción”?

Lo que mal ha funcionado, acarreó consecuencias negativas en nuestras vidas, en salud, en la calidad de vida, en el bolsillo, en las perspectivas a futuro. Ergo, la reacción es belicosa y visceral. La rabia contenida, de no ser escuchado o tomado en cuenta tiene lamentables derivaciones que debemos ver como el paso previo a la re-definición y actualización de la Democracia.

Necesitamos una nueva democracia, que se concrete en lo material, que no se quede en las apariencias, que abarque a todos/as sin excepción, porque es la única manera de obtener reciprocidad. Porque si no eres parte de algo, aunque te perjudique, no te sentirás parte de la solución, no tendrás el compromiso de mejorarlo, cambiarlo, revisarlo.

La representación política de la ciudadanía es uno de los temas más sensibles y en ello, los partidos políticos, de gran parte de los países del mundo no han hecho más que decepcionarnos y cerrarnos la posibilidad de canalizar inquietudes y opinión pública. Cierto es, que los partidos políticos actuaron así no necesariamente para perjudicar la democracia sino más bien para encubrir muchos de sus manejos bajo la mesa que satisfacían intereses sectarios y en algunos casos corruptos.

Esperemos que la rabia, el desasosiego pasen pronto.

El pensamiento crítico es la solución para salir de este impasse. Aquel, que nos hará evaluar con una “nueva objetividad” lo que ha pasado, lo que ha funcionado mal, lo que ha funcionado bien, comparar situaciones similares y aceptar que la frustración no es la mejor consejera.

A quienes les cuesta entender cómo puede estar sucediendo lo que está pasando, decirles: recuerden cuando éramos inmaduros y nos regocijábamos en nuestras decisiones desafiantes a nuestros mayores, en nuestras pataletas, aunque aquellas fueran las peores de nuestra existencia; también, hubo casos, en que, quienes se consideraban “los mayores” tenían mucho que cambiar y mejorar, porque no lo estaban haciendo bien y manteníamos el status quo porque era lo que se esperaba de todos/as.

Haciendo un símil muy de nuestra época, de lo que pasa con la Democracia y la etapa de la post-verdad, diremos, es como si siguiéramos usando el mismo software año tras año, lo que cada vez nos da más problemas, menos opciones, estamos llegando al momento de actualizarlo, so pena de que un día de estos el sistema se cuelgue indefinidamente.

¿Quién apretará el botón? ¿Quién decidirá si se resetea o se actualiza la versión de la democracia? La decisión debería abarcar a todos/as, de lo contrario ni el hardware ni el software cumplirán las funciones para los que fueron creados.

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1Thriller: palabra del Inglés que se traduce como “novela de suspenso”, pero que en sus otras acepciones añade novela de misterio, novela escalofriante y que popularmente se emplea de modo extendido a lo que causa emoción intensa de temor. Hoy en día se emplea esta expresión en el cine con estas características.

2Adoptado y adaptado del Inglés, ver 1.

3Un Editorial de The Economist consideró a Trump como el mayor representante de la postverdad.

4Como explica el Diccionario Oxford la postverdad.

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Autor: careliamayorga

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales. Experta en Género, Desarrollo y Derecho Constitucional.

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